Objetivismo y Parentalidad: Una Decisión que Debe Ser Tuya
La mayoría de los debates sobre la parentalidad se centran en cómo criar a los hijos.
El objetivismo empieza antes — con la pregunta que casi nadie se atreve a hacer:
¿Deberías tener hijos?
No por deber.
No por expectativa cultural.
No por sacrificio.
Sino como una elección personal, racional y profundamente individual.
La parentalidad no es una obligación moral.
No es “el propósito de la vida”.
No es algo que debas a la sociedad, a tu familia, a tu cultura o a tu linaje.
Para un objetivista, solo existe un criterio:
¿Tener un hijo hará tu vida mejor, más rica, más feliz — en tus propios términos?
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Ningún deber de reproducirse
El objetivismo rechaza toda idea colectivista que afirme que los individuos existen para “continuar la especie”, “servir a la nación” o “honrar la tradición”.
No le debes nuevos ciudadanos a la humanidad.
No le debes nuevos miembros a tu cultura.
No le debes nietos a tus padres.
Tu vida te pertenece solo a ti.
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La parentalidad como valor — no como sacrificio
Si eliges tener un hijo, debe ser porque:
Realmente deseas la experiencia.
Ves la formación de una nueva mente humana como un valor personal profundo.
Buscas la alegría — no el “deber”— de la parentalidad.
Ves al niño no como una carga, sino como un añadido elegido a tu vida.
La parentalidad solo es moral cuando es egoísta — en el sentido racional y objetivista.
Un hijo debe ser un valor que desees activamente, no un sacrificio que soportes pasivamente.
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Objetivismo vs anti-natalismo moderno
Dos mundos completamente distintos
En la cultura occidental actual, existe un movimiento creciente que anima a la gente a no tener hijos — pero por razones que son exactamente lo opuesto al objetivismo.
Afirman:
“Tener hijos destruye el medio ambiente.”
“La humanidad es el verdadero parásito.”
“La maternidad es opresión.”
“Traer vida al mundo es inmoral.”
Seamos claros:
El objetivismo rechaza por completo esta visión del mundo.
Estos movimientos no defienden la elección individual.
No defienden la felicidad.
No defienden una evaluación racional de los valores.
Se basan en un odio a la vida humana, en la idea de que la humanidad es destructiva, tóxica o dañina.
Donde el objetivismo celebra al hombre como un ser heroico, ellos lo retratan como una enfermedad.
Donde el objetivismo ve la maternidad (cuando se elige libremente) como un valor positivo que enriquece la vida, ellos la ven como servidumbre.
Donde el objetivismo afirma la moralidad de perseguir la alegría, ellos predican culpa, miedo y autoaniquilación.
La posición objetivista es lo contrario:
La vida humana es buena.
La creatividad humana es buena.
El florecimiento humano es bueno.
Si no quieres tener hijos, es una elección perfectamente moral —
siempre que provenga de tus valores personales, no de una filosofía que desprecia a la humanidad.
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Rechazar la culpa, la presión y las expectativas
La sociedad presiona a los adultos con mitos como:
“Los verdaderos adultos tienen hijos.”
“Se lo debes a tu familia.”
“Quedarte sin hijos es egoísta.”
El objetivismo rechaza estos mitos.
Pero también rechaza la presión opuesta procedente de ideologías antihumanas:
“Crear vida es egoísta.”
“Tener hijos perjudica al planeta.”
“La maternidad es sumisión.”
AMBAS formas de presión son inmorales.
Tu vida no es una herramienta al servicio de la tradición —
ni una herramienta al servicio de la culpa ambiental o la ideología política.
Tu elección debe ser tuya.
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El estándar de responsabilidad
El objetivismo sostiene una regla absoluta:
Si eliges crear una vida, eres responsable de ella — hasta que se convierta en un individuo racional y autosuficiente.
Un niño no es un agente moral completo. No puede vivir de forma independiente, alimentarse solo ni tomar decisiones a largo plazo.
Durante esta etapa de dependencia, los padres tienen la obligación — elegida por ellos mismos — de proporcionar lo necesario para que se convierta en un ser autónomo.
Pero esta responsabilidad tiene un límite claro y objetivo:
Cuando el niño se convierte en un adulto capaz de juicio independiente y autosuficiencia, la responsabilidad parental termina — por completo.
La adultez significa propiedad de la propia mente y de las propias decisiones.
El papel de un padre es guiar a un futuro adulto hasta el umbral de la independencia — no mantenerlo en tutela permanente.
¿Y si el hijo se convierte en un adulto irracional?
Entonces el principio sigue siendo el mismo:
un adulto es plenamente responsable de su vida, la use bien o mal.
Si se vuelve perezoso, parasitario, evasivo o destructivo, ese es su fracaso moral — no el de sus padres.
Los padres no tienen ninguna obligación de apoyar a un adulto que rechaza la razón.
Pueden conservar buena voluntad o afecto, pero jamás deben sacrificarse para permitir la irracionalidad.
La parentalidad racional termina con la independencia.
Lo que un adulto haga con esa independencia es exclusivamente su responsabilidad.
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La visión objetivista en una sola frase
Ten hijos solo si son una alegría que realmente deseas — nunca porque el mundo lo espere, y nunca porque el mundo se odie a sí mismo.
Tu vida es tu valor más alto.
La parentalidad es opcional.
La felicidad elegida es el único estándar moral.
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